Como lo comenté en esta columna un año atrás, la situación mundial derivada de
la pandemia y de la cual no escapó Colombia, ha exhortado a las empresas a
reinventarse y, con ello, a valerse tanto de nuevas tecnologías emergentes dentro
de su quehacer productivo como a diversificar su actividad económica, e incluso,
su mercado objetivo. Ahora bien, quiero invitar a los lectores, al sector
gubernamental, a la academia y a la sociedad en general, a que reflexionemos si
ante el actual panorama económico, que ya pareciera no obedecer a las
tradicionales reglas de mercado, ¿todas esas reinvenciones resultan suficientes
para el mantenimiento o mejora de la posición competitiva de nuestras micros,
pequeñas y medianas empresas?
En este sentido, como producto de un acercamiento que hice recientemente a los
empresarios del sector metalmecánico de nuestro Departamento, con motivo de
una investigación conjunta que la Universidad Católica de Pereira se encuentra
adelantando con el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, CIAD,
de Sonora, México, encontré preocupantes situaciones como cierre definitivo de
empresas, cambio de sus actividades económicas, nuevos endeudamientos con el
sector financiero, dependencia continuada de la importación de materia prima y
demás, que se suman a otras circunstancias que salen de su campo de control
como la escasez de materiales, la inestabilidad en los precios de los insumos, la
competencia desleal y hasta la corrupción, todo lo cual les dificulta aún más
cualquier iniciativa encaminada a mejorar, mantenerse o al menos sobrevivir en
los mercados en los que ya operan o en aquellos en los que quisieran operar.
De allí que sea justo en este momento que se haga más sentida la necesidad de
que la triada Estado – Universidad – Empresa entre en acción y de manera
conjunta pensemos la manera de enfrentar aquellas situaciones que impiden que
nuestras MIPYMES mejoren sus condiciones de competitividad, que pueden ir
desde la generación de políticas públicas en este sentido, hasta la gestión
investigativa que apunte hacia el desarrollo de soluciones de raíz a sus
problemáticas, sin olvidar la posición que como sociedad debemos tomar no sólo
para apoyar la industria de la región sino también para no prestarnos a que
prácticas poco ortodoxas sigan yendo en detrimento de nuestras empresas, en
especial de aquellas que, no olvidemos, generan más del 90% del empleo de
Risaralda.
*Docente Universidad Católica de Pereira