2025

Sobre objetos y la estética de la productividad

Autor: Carlos Andrés Quintero Diaztagle agosto 23, 2025 “Perder el tiempo”; esta curiosa expresión de nuestro vocabulario cotidiano suele aparecer como un reclamo hacia otros o hacia nosotros mismos cuando decidimos usar las horas del día en actividades consideradas “improductivas”, o simplemente ociosas. A pocos años de la pandemia, y ahora que podemos pensar con cabeza fría sobre aquel tiempo, algunas cosas se han vuelto más evidentes. Una de ellas es el hecho, ya sabido y tristemente experimentado desde la niñez por algunos, de que el trabajo marca profundamente el ritmo nuestra vida. Recordamos aún cómo, para quienes conservaron sus empleos gracias a la mediación tecnológica, el hogar se transformó de repente en oficina. Esta posibilidad que debemos a los avances tecnológicos permitió que muchos resistiéramos la crisis. Sin embargo, el lugar que antes era destinado al descanso fue invadido por el trabajo, y para muchos continúa siendo así. Por aquellos días invertir en una silla ergonómica o en un escritorio era considerado un gasto justificable, mientras que invertir en espacios destinados al ocio como la sala o el comedor era, y aún lo es hoy en día, considerado como un consumo vanidoso y superficial. Esta simple observación basta para poner en evidencia cómo hemos naturalizado una ética de la productividad, a la que respondemos sin darnos cuenta incluso en las pequeñas decisiones cotidianas. Muchos productos y espacios están diseñados para estimularnos a trabajar más tiempo. La cafetería, otrora lugar de encuentro y conversación, se ha convertido en un espacio de aislamiento productivo. Su estética acogedora con madera, luz cálida y música tenue convierte el tiempo laboral extra en algo casi placentero, disfrazando de confort y libertad algunas horas más de trabajo. Quizás todos estos estímulos, meticulosamente planeados para mantenernos enfocados en metas productivas, sean también responsables de buena parte de los problemas de salud mental que enfrentamos. No cabe duda de que el trabajo dignifica y para muchos da sentido a la cotidianidad; pero también es necesario preguntarnos por los límites sanos del esfuerzo, y reconocer cuándo el trabajo comienza a interferir con la vida misma. Muy a propósito de la reciente partida del expresidente José “Pepe” Mujica, y más allá de posturas políticas, sería justo retomar sus reflexiones sobre lo que significa vivir. Tal vez sea el momento oportuno para imaginar otras alternativas para dar sentido a la vida que no estén necesariamente atadas al trabajo. Quizás valga la pena recuperar aficiones improductivas, mirar con más atención a quienes nos rodean y en algunos momentos simplemente detenerse y perder el tiempo. *Docente Universidad Católica de Pereira.

DE LA PERSONA Y LAS IDEAS

Autor: Antonella De Salvo julio 4, 2025 En un mundo que ha renunciado a la búsqueda de la verdad, resulta cada vez más frecuente hallar académicos, políticos e intelectuales convencidos erróneamente de que la persona se reduce a sus ideas. Así, creen que descalificar al individuo equivale a combatir su pensamiento. Luigi Giussani, obispo italiano, aborda esta cuestión en educar es un riesgo. Allí define la tradición como el legado heredado que fundamenta nuestro sistema de conocimiento y convicciones, pero advierte: esa tradición debe, en algún momento, enfrentar una crisis. El término crisis proviene del griego krino (“cribar” o “separar”). Aunque a menudo le conferimos un sentido dudoso u negativo, es ante todo una expresión de la genialidad humana que hay en nosotros, dirigida toda ella a descubrir el ser y los valores y a penetrar el sentido original de lo que nos define. Por tanto, el individuo, en la medida en que es inteligente y vivo, sopesa y criba: la crisis es la toma de conciencia de la realidad que nos constituye. Este es el primer paso para el autoconocimiento y para una aproximación crítica al mundo. Si entendemos el diálogo como encuentro con el otro, hemos de admitir que ese “otro”, portador de una tradición diferente a la nuestra, a menudo suele ponernos en crisis, se nos presenta como amenaza que desafía nuestras certezas, suscitando un instinto de defensa. He aquí la síntesis: si la crisis —entendida como ese examen interior de la propia tradición— no precede al diálogo, quedaremos bloqueados por el influjo del otro o, peor aún, reaccionaremos con una rigidez irracional, usando la descalificación personal como “estrategia” para defender nuestras ideas. Giussani subraya que la democracia es, ante todo, convivencia: reconocer que mi existencia implica la del otro. Su instrumento es el diálogo —no como monólogo disfrazado, sino como propuesta al otro de lo que yo veo y una atención a lo que el otro vive, porque estimo su humanidad. La democracia y el conocimiento, por lo tanto, deben basarse internamente en la caridad, es decir, en el amor al hombre y a la verdad. Esta es la apertura característica de la conciencia cristiana, que afirma la naturaleza humana por encima de cualquier ideología y que proclama como ley de las relaciones la afirmación de la persona y de su libertad. * Docente Universidad Católica de Pereira.

La inteligencia artificial y el futuro del trabajo: ¿Amenaza o herramienta

Autor: Juan Carlos Blandón Andrade junio 27, 2025 Cuando estudié mi carrera de Ingeniería de Sistemas en la universidad, la Inteligencia Artificial (IA) e Ingeniería del Conocimiento eran asignaturas correspondientes a nuestro plan de estudios, en ellas se trabajaban distintas temáticas relacionadas con esta tecnología. En esa época, lo más importante era que nosotros los estudiantes tuviéramos muy buena lógica para la resolución de problemas, así como conocimientos sólidos de programación en lenguaje C. Se estudiaban fundamentos teóricos de la tecnología, se creaban juegos y compiladores, además se desarrollaban sistemas expertos y programas utilizando algoritmos genéticos, entre otros. En ese momento era muy emocionante trabajar IA, porque me exigía al máximo como programador y me ayudaba a fortalecer muchas habilidades de lo que me gustaba hacer. A pesar de todo eso, siempre me cuestionaba: ¿Qué pasará cuando esta tecnología pueda reemplazar las tareas del ser humano? A través de los años daba la impresión de que la tecnología estaba estancada, pero no era así, muchos científicos de la computación trabajaban en tecnologías como el perceptrón y similares, hasta encontrar soluciones que permitieran avanzar. Fue así como en el año 2017 aparece un artículo científico sobre los mecanismos de atención y que permitió la explosión de las herramientas de Inteligencia Artificial hasta lo que vemos hoy día. Con todos estos desarrollos computacionales, podemos preguntarnos: ¿qué pasará con nuestros trabajos? La IA nos plantea amenazas tales como la automatización de empleos en sectores como el transporte, la manufactura o el servicio al cliente, donde ya se reemplazan personas por algoritmos y robots. Esta situación puede dejar a millones de personas sin empleo, si desde los gobiernos y el sector privado no se implementan políticas que permitan la reconversión laboral. A pesar de lo difícil de la situación, la IA también ofrece herramientas como: asistentes inteligentes que aumentan la productividad; análisis predictivos que mejoran la toma de decisiones; y nuevas profesiones ligadas a la programación, diseño ético que priorice el bienestar humano, y la supervisión de sistemas automatizados. El avance de esta tecnología es inevitable y el impacto depende de cómo lo enfrente la sociedad. Es necesario apostar por la educación, la adaptación y sobre todo la ética, esto puede ayudar a que la convirtamos en una aliada y no en una enemiga. Ignorar la tecnología tampoco es una opción, porque esto podría aumentar las brechas y desigualdades. Finalmente, el futuro del trabajo está determinado por nuestra capacidad de adaptarnos y actuar con responsabilidad desde todos los sectores y sobre todo teniendo en cuenta el aspecto ético antes de llenar los bolsillos mediante recortes de personal. *Docente Universidad Católica de Pereira.

Greenwashing: responsabilidad ambiental convertida en una vacía estrategia de marketing

Autor: Andrea Muñoz Jaramillo junio 20, 2025 Actualmente el mercado está inundado de marcas de productos con etiquetas que declaran ser “amigable con el ambiente”, “orgánico”, “eco amigable” o “100% biodegradable o reciclable”, atributos por los cuales los consumidores pagan precios superiores, confiando en la transparencia de la empresa y creyendo que están siendo responsables ambientalmente. Sin embargo, la realidad es otra. Algunas empresas están aprovechando “lo rentable” que hoy significa la sustentabilidad ambiental, por el valor aspiracional que lleva implícito. En este punto, es donde surge la estrategia engañosa denominada greenwashing o lavado verde, como la oportunidad de vender una imagen ecológica sin que sus prácticas organizacionales sean coherentes con un plan real de compromiso ambiental. Detrás de la vacía estrategia de marketing se encuentran procesos de producción contaminantes, uso inadecuado de los recursos naturales e incumplimientos de la legislación ambiental. Esto atenta no solo contra el equilibrio ecológico, sino que afecta los escasos avances que se han tenido en términos de una mayor conciencia ambiental de los consumidores. Lo preocupante que genera esta situación, es el escepticismo de la sociedad frente a la sustentabilidad como propósito común y uno de los pilares del desarrollo. Cuando una organización miente en relación con sus prácticas, está poniendo en juego su reputación y a su vez, en riesgo, el discurso de la armonía que se debe buscar entre los procesos productivos y los ciclos biogeoquímicos de la naturaleza. El greenwashing transgrede los principios de la responsabilidad ambiental empresarial, además que legitima la superficialidad con que algunos la están abordando. Para frenar esta inadecuada conducta empresarial, se radicó el Proyecto de Ley No. 101, por medio del cual se regulará y sancionará el lavado verde de imagen o greenwashing. Con esta iniciativa se pretende obligar a las empresas que todo lo declarado en las etiquetas relacionado con prácticas sustentables, tiene que estar respaldado con información veraz y será a través de la Superintendencia de Industria y Comercio en coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. Actualmente el proyecto se encuentra archivado por tránsito en legislatura en espera de que haya voluntad para presentarlo nuevamente. Esta ley como instrumento de gestión ambiental de comando y control, podría contribuir a la solución del problema, no obstante, es necesario continuar con los esfuerzos desde la academia, las entidades territoriales, el sector privado y las organizaciones no gubernamentales, en términos de educación ambiental para que todos como consumidores nos apropiemos del real compromiso que debemos adquirir con la protección ambiental y exijamos la trazabilidad de los productos y servicios que adquirimos, esperando que lo “ecofriendly” deje de ser una moda y realmente signifique lo que el planeta necesita. *Docente Universidad Católica de Pereira

Cerebro, mente y comunidad

Autor: Rosario Iodice junio 13, 2025 La relación entre lo que pensamos, sentimos y hacemos ha sido durante siglos una inquietud humana fundamental. Hoy, gracias al diálogo entre la psicología y las neurociencias, entendemos que nuestras emociones, decisiones y conductas no solo emergen del contexto social, sino también de complejos procesos cerebrales que se transforman constantemente. Desde la psicología, comprendemos que todo fenómeno mental ocurre en un cuerpo, en un tiempo y en una cultura. Y desde las neurociencias, reconocemos que el cerebro es un órgano plástico, modelado tanto por la experiencia como por las relaciones humanas. Este conocimiento nos reta a formar profesionales que no solo dominen teorías y técnicas, sino que comprendan profundamente al ser humano en su totalidad. En un país donde los índices de salud mental siguen siendo preocupantes y donde los efectos del estrés, la ansiedad o el aislamiento impactan cada vez más a nuestras juventudes, la academia tiene la responsabilidad de ir más allá de las aulas, no se trata solo de enseñar sobre el cerebro o la conducta, sino de crear escenarios donde el conocimiento sirva para sanar, acompañar y transformar realidades. Las iniciativas que articulan ciencia, compromiso social y espiritualidad marcan una diferencia significativa y es a lo que se le debe apuntar desde las universidades. En nuestras aulas se conversa sobre neurodesarrollo, pero también sobre empatía. Se investiga sobre la memoria y el lenguaje, pero también sobre el perdón, la resiliencia y el sentido de vida. Esta integración entre ciencia y humanismo es, precisamente, un sello del compromiso con la formación de la persona, valorando y respetando su dignidad. El futuro de la salud mental requiere profesionales con una mirada amplia y compasiva, capaces de leer el mundo desde múltiples niveles: biológico, psicológico, social y espiritual; con una formación integral, donde el conocimiento científico se ponga al servicio de la vida. Porque comprender el cerebro no es solo una hazaña científica: es también un acto profundo de cuidado por el otro. *Docente Universidad Católica de Pereira.

Reimaginar el aula: entre cuerpos, códigos y silencios.

Autor: Róbinson Mira Sánchez junio 6, 2025 Una verdadera innovación educativa no radica en incorporar tecnologías por sí mismas, sino en cómo estas se integran en prácticas pedagógicas que potencien el pensamiento crítico, la sensibilidad social y la formación de sujetos éticos. Un enfoque humanista de la innovación apuesta por tecnologías que no reemplacen a nadie—ni al educador ni a la comunidad—, sino que amplíen las posibilidades de reflexión, diálogo, acción, e integración transformadora. Innovar no es digitalizar, es reimaginar. No se trata de caer en un reduccionismo tecnológico que, convertido en tendencia o enfoque dominante, termina permeando el discurso educativo. Reimaginar implica cuestionar lo que a menudo se da por sentado: ¿para qué y para quiénes enseñamos?, ¿qué entendemos por aprender?, ¿qué tipo de ciudadanía necesita nuestra sociedad?, ¿qué saberes son realmente significativos en este momento histórico? Reimaginar es, ante todo, un acto de creación pedagógica, ética y política. Con frecuencia, las políticas públicas y los discursos institucionales asocian modernización con equipamiento, como si la presencia de tecnología fuera sinónimo de calidad educativa. Esta lógica responde a lo que hoy se denomina fetichismo digital o solucionismo tecnológico. Desde una perspectiva crítica y humanista, reimaginar significa preguntarse: ¿qué significa vivir bien?, ¿qué injusticias se están normalizando?, ¿cómo nos afecta lo que ocurre en el mundo? Se trata de diseñar experiencias de aprendizaje que no solo instruyan, sino que transformen la mirada del estudiante sobre su realidad. Supone romper con ciertas rutinas normalizadas: una evaluación centrada exclusivamente en la nota, el aislamiento disciplinar, la pasividad estudiantil. Cada vez gana más terreno el concepto de aulas híbridas. Pero un aula híbrida no es simplemente un espacio físico o virtual; es un territorio de encuentros donde confluyen múltiples voces, formatos y temporalidades. En estos espacios debe existir una articulación auténtica entre las interacciones presenciales y virtuales, capaces de construir comunidades de aprendizaje ético-político, donde el docente actúe como curador de experiencias y guía socrático. Son aulas que emplean la tecnología no para sustituir lo esencial, sino para fomentar la argumentación, la creación colectiva y la investigación autónoma, mediante secuencias didácticas que incluyan, incluso, momentos de desconexión digital para la reflexión profunda. El desafío es posicionar el pensamiento crítico humanista como eje de cualquier innovación, integrando el arte, la narrativa, la filosofía y la ciudadanía digital como núcleos de un currículo híbrido, a través de proyectos que vinculen a los estudiantes con problemáticas reales y situadas. El reto no es únicamente potenciar competencias, sino aportar al fortalecimiento de conciencias. Se trata de cuidar la dimensión afectiva en entornos mediados por pantallas, siempre que el rol del educador sea el de sembrador de preguntas, más que transmisor de contenidos. *Docente Universidad Católica de Pereira

¿Y del hidrógeno verde qué?

Autor: Diego Fernando Arias Mateus mayo 30, 2025 Cuando se piensa en la sustitución de combustibles fósiles para descarbonizar el medio ambiente se piensa en la producción de hidrógeno verde, el cual es obtenido por un proceso de electrólisis que es alimentado por energías renovables y, que se presenta al descomponer el agua en hidrógeno y oxígeno sin generar emisiones contaminantes. Actualmente, se consume 70 millones de toneladas de hidrógeno, el inconveniente es que casi todo este hidrógeno que se produce es a partir de carbón o gas natural, que emite una gran cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera, este hidrógeno se conoce como hidrógeno gris. A pesar de los compromisos que han adquirido las diferentes naciones industrializadas hacia el 2030 para cumplir con los objetivos climáticos incentivando la producción de hidrógeno verde con fines energéticos o de mitigación del cambio climático, esto parece no cumplirse, pues el seguimiento que realiza la Agencia Internacional de la Energía, muchas de esas propuestas se han quedado en papel y parecen no alcanzar su implementación. En algunas publicaciones que abordan el tema, identifican barreras económicas y técnicas como las causantes de la lentitud en la implementación del hidrógeno verde, entre ellas, están: altos costos de inversión en el proceso de electrólisis, aumentos recientes en precios de equipos y electricidad, falta de acuerdos de compra, riesgos de inversión en usos finales con infraestructura no reversible, débil implementación de políticas y marcos regulatorios inciertos. Estas barreras se podrían eliminar tomando medidas como complementar subsidios del lado de la oferta con políticas del lado de la demanda, promover precios al carbono ambiciosos y contratos por diferencias para mitigar riesgos, focalizar el uso del hidrógeno en aplicaciones donde sea estrictamente indispensable, evitando sobre extensión en sectores donde la electrificación es más viable. Según los estudios de las Naciones Unidades, el hidrógeno verde producido mediante energías renovables (eólica, solar), puede influir positivamente en múltiples Objetivos de Desarrollo Sostenible al impulsar el despliegue de energías renovables, el acceso a la energía y la cooperación internacional, a su vez, presenta desafíos como la gestión de recursos, el desarrollo de infraestructura y las dependencias tecnológicas. Los análisis destacan la importancia de inversiones, políticas estratégicas y sincronizadas para maximizar los beneficios y mitigar los riesgos a corto y largo plazo, con especial atención a la interconexión y las interdependencias recíprocas entre los segmentos de producción, transporte y uso final. En general, el hidrógeno verde ofrece una vía prometedora hacia el desarrollo sostenible, pero su éxito depende de una planificación cuidadosa, la innovación tecnológica y marcos de políticas inclusivos que consideren las dimensiones económicas, ambientales y sociales. *Docente Universidad Católica de Pereira.

Una intervención para los parques del centro de pereira

Autor: Jorge Enrique Osorio Velásquez julio 11, 2025 Dentro del proyecto urbano colonial en Hispanoamérica, la plaza representó el espacio matriz donde se gestaron las dinámicas de las nacientes ciudades, además fue el punto generatriz de sus estructuras físicas, en un proceso de poblamiento que se apalancó en los centros urbanos para expandir la frontera agrícola y ejercer dominio territorial. De este modo, las plazas que se configuraron al interior de ciudades como Santa Fe de Bogotá, Lima o Buenos Aires, con sus polígonos de cuatro lados tuvieron como patrón la presencia del templo, del cabildo o ayuntamiento y de las viviendas de los militares u oficiales de alto rango a cargo de su fundación. Centurias después, en procesos de poblamiento como el sucedido en el centro occidente de Colombia desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del XX, la plaza desempeñó un papel fundamental como origen de las poblaciones que se fundaron principalmente en el periodo republicano, y como motor de la producción simbólica de sus habitantes. Sin constituir excepción a la regla, Pereira parte del espacio que define la plaza Victoria posteriormente denominada Plaza de Bolívar, y que rodean la Catedral, la casa consistorial y las viviendas de los fundadores, dando origen a la estructura de damero que la caracteriza durante la primera mitad del siglo XX y que a diferencia de las demás poblaciones de la región, incluye otros dos espacios públicos como serían la plaza Concordia actualmente parque El Lago y la plaza La Fe hoy parque de La Libertad. Con un origen paralelo a finales del siglo XIX, inicialmente el desarrollo de las plazas Concordia y La Fe se relega frente a la plaza Victoria en la que se concentran los esfuerzos de la dirigencia local, sin embargo, estas toman relevancia a comienzos del siglo XX resultado de la emergente normativa urbana y de inversiones que impulsan su consolidación. Igualmente, adoptan el modelo de parque republicano, así como un carácter particular de acuerdo con quienes las apropian, El Lago por la elite local, Bolívar por la institucionalidad y La Libertad por el comercio y lo popular. También se intervienen sucesivamente, agregando o eliminando componentes que modifican su fisonomía hasta su imagen actual. Es así como ad-portas del segundo cuarto del siglo XXI, estos espacios públicos se aprestan a una nueva intervención mediante el proyecto “Parques Vivos”, promovido por la Alcaldía de Pereira y la EDUP, con los diseños de la Universidad Católica de Pereira, en los cuales se ha interpretado su evolución tipológica, su proceso histórico y su valor patrimonial, preparándolos para un nuevo periodo de disfrute y resignificación por parte de los pereiranos.     *Docente Universidad Católica de Pereira

Imágenes creadas por IA con tendencia anime, ¿Falta de pensamiento crítico?

Autor: Willmar Acevedo Gómez julio 10, 2025 Hemos visto el estallido de la tendencia anime en las imágenes creadas a través de ChatGPT, lo que motiva la creatividad de las personas que aprovechan la novedad para crear sus propias figuras, pero también aparecen también las críticas, entre las cuales contamos: La sensibilidad del uso de datos biométricos que podrían ser almacenados y utilizados sin control y con fines no revelados sin saber por quién, lo cual puede poner en riesgo la seguridad digital de los usuarios. La cantidad de energía y agua utilizada por la IA para generar las imágenes, los derechos de autor de los diferentes estudios gráficos y la exposición de información personal en las redes. Vale la pena contemplar estos asuntos sensibles del uso y creación de imágenes tipo anime, es vital considerar no solo lo que aparece a primera vista, sino, ante todo, lo que subyace a este fenómeno cultural. A mi juicio tiene que ver con una percepción crítica de la realidad y del contexto en el que estamos y para eso podemos contemplar asuntos tales como: La manera como enfrentamos e interpretamos nuestra realidad más inmediata, está mediada por lo que sabemos o creemos saber de ella. Lo que sabemos de la realidad y el mundo que se presenta ante nuestros ojos está mediado por lo que pensamos de ella, y finalmente, con base en lo que pensamos y sabemos de la nuestra realidad, actuamos. Lo que intento mostrar es que actuamos con base en lo que pensamos y sabemos o creemos saber de nuestra realidad. Y si esto es así, podemos entonces preguntaros: ¿Qué es lo que en verdad sabemos de la IA?, ¿Qué sabemos de los afamados y predictivos algoritmos?, ¿Qué sabemos en verdad sobre el uso de nuestros datos biométricos en las redes?, ¿Qué sabemos sobre el agua y la energía usada para generar las imágenes en estilo anime, como una de las tantas tendencias del momento?, ¿Qué sabemos en verdad sobre los derechos de autor de los estudios gráficos que ni siquiera se han pronunciado al respecto? Lo que intento mostrar es que, si bien es cierto que la revolución tecnológica tiene el potencial de cambiar radicalmente la manera de apreciar nuestra realidad, también es cierto que una mirada crítica de cualquier tendencia artificial será siempre un buen camino para juzgar con sentido humano. Por lo tanto, aunque las imágenes anime creadas por IA estimulan la creatividad, es crucial adoptar una mirada crítica que cuestione sus implicaciones éticas, ambientales y sociales. Comprender lo que realmente sabemos sobre estos fenómenos nos permite actuar con mayor conciencia y humanidad frente a los avances tecnológicos actuales. *Docente Universidad Católica de Pereira

Vivir la ciudad caminando a través de “Pereira a pie”

Autor: Juan David Atuesta Reyes mayo 9, 2025 El sedentarismo es uno de los problemas de la sociedad contemporánea. Pasamos horas ante el ordenador, tanto como horas dormidas, y esta acción se transforma en una rutina caracterizada por el estrés y la monotonía, que disminuye la vitalidad, afecta la salud física y la mental, debilita los músculos y los huesos y provoca alteraciones en el metabolismo. De ahí que caminar represente una buena forma de luchar contra el sedentarismo. El auge de los centros comerciales ha conducido a la concentración del comercio, lo que, ha definido nuestros espacios de encuentro. Cuando vamos a hacer actividades de ocio, ir de compras u ocuparnos de nuestras relaciones sociales las hacemos en espacios concentrados, en ocasiones muy alejados de lo que en otros tiempos era la interacción de las ciudades. Con este tipo de establecimiento se vacía el resto de la ciudad y se produce una disociación ciudadana del espacio. Es urgente, favorecer el desarrollo de una dinámica interinstitucional que promueva la creación de buenos y apropiados lugares para la convivencia con la construcción de vías inclusivas y bien formuladas, la preparación de espacios con sombra, la seguridad reforzada, la formulación de equipamiento para parques recreativos y recorridos peatonales de extensas trayectorias y la posibilidad de recuperar el derecho a la calle. La calle es un lugar que provoca la actividad física y de hecho el ejercicio, pero también, la socialización, el tiempo libre, la cultura y es el lugar donde se producen los encuentros de la comunidad. No podemos olvidar factores como las temperaturas elevadas, la seguridad vial, los mapas de calor de las diferentes zonas o la percepción de seguridad. Asumir estos factores es un reto que debe ser enfrentado con soluciones creativas y coordinadas. La concepción de un paisaje renovado, favorable a la transición y el reconocimiento de nuestras propias ciudades, debe abarcar las estrategias que permitan aunar las condiciones de bienestar del espacio construido a la cohesión social a través de un programa de “Pereira a pie”. Un programa de infraestructura dirigido a promover la caminata y la apropiación del espacio público no solo nos brinda una ocasión de inversión en salud, sino que implica un compromiso por la cultura y la calidad de vida. Al recuperar las calles como un escenario de encuentro y convivencia, que vuelva a valorar la identidad urbana, favoreciendo un cambio radical en la forma en que habitamos y disfrutamos de nuestras ciudades. Más allá de las banquetas y de los cruces semaforizados, es la oportunidad de construir un paisaje urbano inclusivo, donde la movilidad peatonal no sea una segunda opción, sino uno de los pilares del bienestar colectivo. *Docente Universidad Católica de Pereira

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