2025

Navidad con IA

Autor: Diácono Iván Alonso Buitrago Márquez diciembre 19, 2025 Esta generación experimenta los cambios de la tecnología, amparados en la idea del desarrollo. Sin embargo, es importante iniciar este tiempo aislándonos un poco del ruido exterior y dirigiendo la mirada hacia nuestro interior. Llega la anhelada Navidad. En un mundo tecnológico, dominado por la Inteligencia Artificial que algunos temen que deshumanizará al hombre, me pregunto: ¿Qué inteligencia tendríamos que vivir en esta época del Emanuel, del Dios que se hace pequeño, que se hace hombre para compartir nuestra realidad? La respuesta es sencilla: la inteligencia del amor es la guía para sacar el máximo provecho. Vivir con inteligencia del amor significa apartar el egoísmo reconociendo nuestra naturaleza social y familiar. Por tanto, ¿hay algo mejor que recibir la Navidad al ejemplo de la familia de Belén? Su pilar es vivir en familia, despertando la fraternidad, la capacidad de entender en la diferencia que todos tenemos un único propósito: el de buscar la santidad para ser felices. La inteligencia del amor significa romper con las enemistades, dejar a un lado nuestros egocéntricos caprichos, pausar tu vida para decir “te quiero”, dar un abrazo, recuperar lo que tú eres. Creemos que venimos al mundo a alcanzar metas que en profundidad pueden no ser negativas, pero pueden apartarnos de lo esencial. La inteligencia del amor es mirarnos también a nosotros, encontrarnos con ese yo profundo que abandonamos y está esperando una oportunidad para volver a sonreír. La Navidad es para reconocer la grandeza que Dios ha puesto en nosotros; y usando la inteligencia del amor, reconozcamos que el Señor nos ha dotado de dones y personas valiosas a nuestro lado. Es época propicia para expresar cuánto sentimos por el otro, pero no se trata de poner artículos en una envoltura; se trata de desenvolver nuestro corazón, anquilosado por tantas cosas que hemos experimentado. Jesús, naciendo en Belén, “casa del pan”, nos enseña que se debe vivir con humildad, auxiliando al prójimo, sin hacernos daño, que se puede experimentar esta vida en clave de servicio, de donación. Y esta es la manera más eficaz de lograr lo anhelado. Vivir la Navidad significa desplazar la inteligencia artificial que nos han impuesto, la inteligencia de la transacción, la inteligencia de saber a quién contactamos, de saber qué regalamos, buscando normalmente un beneficio. Te invito a que cambiemos esa inteligencia artificial, deshumanizada, por la Inteligencia del Amor, y a llevarla a tu hogar, lugar de trabajo y a tu cotidianidad. Para vivir la inteligencia del amor debemos primero beber de la fuente del amor: acercarnos a Dios y con su presencia en nuestra vida, podemos entender, amar y ser multiplicadores de amor. ¡Feliz Navidad con Inteligencia del Amor! *Docente Universidad Católica de Pereira

LOS RETOS DE FORMAR TERAPEUTAS EN TIEMPOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Autor: Por: Martha Juliana Villegas Moreno diciembre 12, 2025 Si bien siempre ha sido una gran responsabilidad y compromiso saber qué harás parte, como docente, del proceso de formación de psicólogos y terapeutas, hoy es aún más desafiante, pues la creencia de que todo debe ser fácil y rápido, aunado al uso de la inteligencia artificial acorta y facilita el proceso metacognitivo propia del pensamiento reflexivo, crítico y necesario para desempeñarse en el campo clínico y demás campos profesionales. Ser terapeuta implica contar con la capacidad para conectar cognitiva, emocional y actitudinalmente con el dolor de quién viene en busca de ayuda. Ese dolor es absolutamente único y subjetivo puesto que cada persona tiene su propia historia y manera de interpretar sus experiencias de vida, y en ese sentido, el clínico ha de estar en total capacidad para atender, escuchar, comprender y planear cada intervención terapéutica. Para poder lograrlo, el profesional ha de tener suficiencia teórica, metodológica y técnica, lo cual se logra a través de un proceso de formación que los implique desde la lectura reflexiva, la participación argumentada, el trabajo consciente y la disposición hacía el aprendizaje y transformación. Esto a grandes rasgos es lo que un estudiante debe hacer para llegar a ser un juicioso terapeuta, sin embargo, asumir de manera comprometida estos retos no está siendo nada fácil frente a la simplicidad y sencillez de preguntar a un chat de inteligencia artificial acerca de múltiples temas de conocimiento, y más aún cuando el estudiante cree que la respuesta obtenida es, no solo correcta, sino suficiente. La realidad actual es que, en cuestión de segundos, un estudiante puede obtener definiciones diagnósticas, hipótesis clínicas o planes de intervención lo que genera la falsa idea de que la intervención es fácil de llevar a cabo, que no hay que poner a prueba habilidades de escucha y acción, en conjunto con una serie imprescindible de actitudes personales para ejercer el rol de ser un terapeuta. Y es que serlo, pone al profesional frente a frente con otro ser humano que busca apoyo incondicional, escucha empática, comprensión rigurosa del problema por el cual atraviesa y creatividad y suficiencia para poder brindarle recursos psicológicos que le faciliten afrontar la existencia, lo cual, sin duda, no lo da la IA. Si bien las herramientas con las hoy contamos pueden facilitar muchos procesos, estructurar ideas o sacarnos de dudas, resumir documentos, entre otros usos valiosos, el ejercicio terapéutico exige profundidad interpretativa, presencia y conexión emocional, actitudes éticas, conocimiento amplio y profundo en múltiples áreas de conocimiento disciplinar y un fuerte entrenamiento en habilidades terapéuticas, que por supuesto la IA no logra brindar y que no se adquieren en cuestión de segundos. *Docente Universidad Católica de Pereira

Todavía no es Navidad

Autor: Pbro. Julián Loaiza Henao diciembre 5, 2025 Todavía no es Navidad. Aunque las luces ya están encendidas y los centros comerciales adornados, la liturgia de la Iglesia nos recuerda que estamos en Adviento, un tiempo de preparación y reflexión. Es una oportunidad para detenernos, mirar la vida y preguntarnos hacia dónde caminamos como personas, como familias y como sociedad. Es un tiempo para escuchar la voz de Dios que, como en el libro del Génesis, vuelve a preguntarnos: “¿Dónde estás?” (Gn 3), invitándonos a dejarnos encontrar y acompañar. Pereira es una ciudad de talento y creatividad, pero también conoce el cansancio, la incertidumbre y las heridas que marcan a muchas personas, especialmente a los más jóvenes. En este contexto, el Adviento y la Navidad nos recuerdan que no caminamos solos: Dios se interesa por nuestra historia y quiere ayudarnos a trazar nuevos caminos de esperanza. Aquí la educación tiene un papel decisivo. En las aulas de los colegios y universidades se tejen cada día historias silenciosas pero reales de esperanza: docentes que acompañan procesos de vida, estudiantes que descubren su vocación, iniciativas que buscan transformar realidades en los barrios, en el campo y en los entornos más vulnerables. Educar no es solo transmitir contenidos, es abrir horizontes. Un reciente documento de la Iglesia sobre la educación, titulado Diseñar nuevos mapas de esperanza, recuerda que cuando las comunidades educativas se dejan guiar por la propuesta de Jesús, no se encierran, ni levantan muros, sino que se relanzan y construyen puentes. Esa es la gran tarea educativa de nuestro tiempo: unir fe y vida, pensamiento y justicia, conocimiento y servicio, para que nadie quede fuera del horizonte de la dignidad y del bien común. El Adviento nos invita a mirar también nuestra ciudad con otros ojos: no solo desde los problemas, sino desde las posibilidades. Cada proceso educativo que se vive con seriedad, cada proyecto que piensa en los más frágiles, cada gesto de respeto, de diálogo o de cuidado en el ámbito educativo es un signo de que Dios sigue actuando en la historia. En este tiempo valoremos y apoyemos la educación como un verdadero mapa de esperanza para Pereira. En los hogares y en las instituciones educativas, cada uno puede aportar al tejido de la ciudad. El Adviento es esperar, pero no de brazos cruzados. Es prepararnos para acoger a Aquel que viene a habitar entre nosotros y que nos recuerda que vale la pena construir juntos un futuro distinto. Con la confianza puesta en Dios, cada día puede ser la oportunidad de escribir un mejor capítulo de esperanza, servicio y fraternidad para Pereira. Que el 2026 sea un año diferente porque Dios te inspira. *Coordinador Pastoral- Universidad Católica de Pereira.

Leer en la era del ruido digital

Autor: Por: Jose David Villada Alzate noviembre 28, 2025 ¿Cuándo fue la última vez que leyó un libro? ¿Recuerda el nombre y sus principales ideas? Vivimos en un momento de la historia sin precedentes en el que la lectura, tal como la hemos conocido, ha dejado de ser un hábito, una buena práctica y un medio casi necesario para estimular nuestra mente. Hoy, leer es un acto de resistencia. La atención ha pasado de ser una habilidad del raciocinio del ser humano y se ha convertido en un “bien escaso” que compite con todo un universo de estímulos sensoriales ofrecidos por las diversas pantallas a las que estamos expuestos día a día. Un adulto promedio, entrega seis horas de su tiempo diario a las pantallas, de las cuáles, la tercera parte están dedicadas a la navegación por el mundo infinito del internet, cercano, entre otras cosas, gracias a las redes sociales. Indicadores globales como los estimados por la OCDE afirman que, en los últimos años se ha presentado una caída sostenida de las habilidades y capacidades asociadas a la práctica de la lectura. Aunque muchas personas logran romper esta tendencia, difícilmente superan el fenómeno de la “lectura superficial” debido la fragmentación que nos ha exigido el estar al tanto de vasta información de manera simultánea por la inmediatez con la que ahora se presenta a través de las pantallas. A pesar de este panorama, resulta destacable que, en el caso de Colombia, el hábito ha venido aumentando hasta lograr la modesta suma de 3,7 libros leídos en promedio por persona en el año, aunque sólo el 62% lo hace por entretenimiento según lo ha informado la Cámara Colombiana del Libro. Quizá este pequeño pabilo humeante pueda, poco a poco, ir encendiendo la llama de la pasión por la lectura en las nuevas generaciones como parte vital en la construcción de su proyecto de vida. Leer no es sólo pasar la mirada por las letras. Implica detenerse, concentrarse, analizar, meditar y dejarse transformar para pensar con autonomía en medio de ríos de desinformación. Y, aunque es una experiencia individual, se hace urgente que el entorno – colegios, grupos y diversas formas de organización social – genere las condiciones para la existencia de espacios libres de notificaciones y se promueva la experiencia de estimular, más que los sentidos, la imaginación a través de los libros y la lectura trascendental de ellos. A usted, estimado lector, permítame felicitarle porque, si ha llegado hasta este punto de la lectura de la presente columna, es porque hace parte de esa luz de luciérnaga en la que depositamos nuestra confianza para tener, nuevamente, un mundo iluminado por los libros, más que por las pantallas. *Docente Universidad Católica de Pereira

Fútbol, la única religión sin ateos

Autor: Haney Aguirre noviembre 21, 2025 Es difícil pensar en nuestro presente sin que el deporte esté vinculado a nuestra cotidianidad. El fútbol es un espejo de la vida. Muchas cosas que pasan en el fútbol se reflejan en la vida: la política, la economía, la educación, la paz, la violencia, el territorio, la historia, la intelectualidad, la salud, la cultura y la religión. En el fútbol se percibe una fe compartida. En canchas y frente al televisor, se mueven multitudes, despierta fervores y levanta plegarias que ningún templo tradicional podría contener. Hinchas argentinos asocian cierta ayuda del Papa Francisco y la consecución de títulos. En vida, Francisco manifestó ser hincha de San Lorenzo de Almagro, que durante el papado ganó una Copa Libertadores. Además, la Selección Argentina fue campeona de la Copa del Mundo y Campeona de la Copa América Dentro y afuera de la cancha está Dios mediando todas las intenciones: de un lado y del otro, de los locales y visitantes, de los ganadores y perdedores, de los espectadores que ofenden al rival y veneran a los propios, de los que ascienden y descienden de categoría. Casi hay un gol en contra y se dicen: «Nos salvamos, gracias papito Dios» mientras se santiguan y miran al cielo. Incluso, los ateos repiten: «gracias, Dios». Todas las almas del estadio –y las que ven por televisión el partido– se santiguan; en esta ocasión porque el árbitro no sancionó un penalti. Esta cadena de rezos de la tribu futbolera pide que haya un gol, que el balón esté lejos de la portería, que el tiempo pase más rápido, que se sumen tres puntos, que el árbitro se equivoque a favor. Aunque el árbitro se encomiende al mismo Dios. Son los fieles creyentes de un club y una camiseta, que asisten cada domingo al estadio, al templo. Los que critican al fútbol despotrican, con toda la gana, como el mayor mal de los males. Muchos intelectuales desprecian el fútbol, como Jorge Luis Borges, quien decía que era una pasión popular y de masas. El fútbol es para los desadaptados, es alienante y distrae, es para brutos. El fútbol es un mercado cruel, dicen los ateos del fútbol. Por supuesto, es un potente dispositivo mercantil. Desde la compraventa de jugadores, como objetos, hasta la compraventa de entradas a los estadios. Se promueven sedes de mundiales sin tradición futbolística (Qatar, 2022). Para la Copa Mundial del 2026 con sede México, EEUU y Canadá, el formato cambió de 32 a 48 selecciones. Más partidos, más publicidad. Más alienación. Sin embargo, como afirma Eduardo Galeano, terminan sucumbiendo a la irresistible tentación del opio de los pueblos: «el futbol es la única religión sin ateos». *Docente Universidad Católica de Pereira

PARA LA NUEVA HUMANIDAD

Autor: Diana Cristina López López noviembre 14, 2025 Hace unos meses, llamó especialmente mi atención un artículo publicado en The New York Times, escrito por Mary Harrington que, traducido al Español se leería como “PENSAR SE ESTÁ CONVIRTIENDO EN UN LUJO”. No sé qué me impactó más, si el título o haber visto reflejado en éste el día a día de mi labor como docente. La autora del artículo en mención, argumenta que el coeficiente intelectual viene disminuyendo en el último siglo según las puntuaciones internacionales que de este indicador se tienen, especialmente en los índices de alfabetización de adultos en los últimos 10 años en la mayoría de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos – OCDE, siendo crítico para las naciones más pobres e, incluso, mostrando decrecimiento en los indicadores para la niñez, lo cual asocia al uso excesivo y sin propósito de los entornos digitales optimizados para la distracción, que afectan la capacidad de leer, razonar y concentrarse. Al ahondar en este tema, encontré información de médicos, académicos y pedagogos que hablan de lo mismo, así como, el uso informal del término brain rot (podredumbre cerebral) para describir este fenómeno que ocurre por el sedentarismo cognitivo o disminución del uso de la capacidad cognitiva del cerebro, a raíz del bombardeo ingente de contenido que hiper estimula la atención cerebral, convirtiéndose en satisfactores de corto plazo que no demandan esfuerzo cognitivo para consumirse, lo cual se exacerba por el uso indiscriminado de dispositivo digitales y ahora, de la inteligencia artificial. Y aunque no estoy de ninguna manera en contra del uso de estas herramientas, sí abogo por su uso racional y consciente. Ahora bien, además de querer contribuir con esta alerta, me uno a las voces alrededor del mundo que, además, claman por hacernos ver que tal como lo advierte Mary Harrington en su publicación del Times, “esto puede estar creando otra forma de desigualdad” en tanto, lo que ella llama las élites, están prohibiendo o limitando al máximo el uso de pantallas que hacen sus hijos, mientras en nuestras sociedades se permite su uso libre y sin control desde la primera infancia, en los adolescentes y en los adultos, en entornos familiares, sociales, académicos y laborales. En este orden de ideas, dejo algunas preguntas que nos invitan a la reflexión: ¿somos conscientes de la existencia del fenómeno brain rot? ¿estamos siendo nosotros mismos víctimas de dicho fenómeno? ¿puede la familia, la sociedad, la academia, la empresa y el gobierno hacer algo al respecto? ¿hay una peor forma de desigualdad que la de aquel que es feliz con tal disparidad? *Docente Universidad Católica de Pereira

¿Una pedagogía del duelo?

Autor: Edisson Orozco noviembre 7, 2025 Existe una constatación existencial que no siempre resulta obvia: la muerte nunca es propia, la muerte siempre es para los otros. Así, reconocemos que el duelo es una experiencia que involucra inevitablemente a quienes sobrevivimos a la ruptura de la muerte. El duelo se nos presenta como una herencia que, aunque pesada y llena de rigores, ha fundado nuestra sociabilidad y nuestras posibilidades de encuentro con el otro. El duelo por un estudiante implica un aspecto pedagógico y existencial que interpela. Bajo cierta naturalización de la vida, esperaríamos que el discípulo acompañe a morir a su maestro. La imagen filosófica de los discípulos que lloran a Sócrates parece paradigmática en este aspecto. Así, el maestro con su muerte otorga otra densidad a su saber y a su legado. Las lágrimas de los discípulos parecen sellar una gran enseñanza y su porvenir. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la experiencia sucede de manera contraria? Quienes dedicamos nuestra vida a la educación vemos pasar por nuestros cursos a cientos de estudiantes: cientos de modos de observar, situarse, hablar y pensar. Algunos pasan ligeramente, otros nos conmueven hasta los huesos. También existen aquellos que nos producen rabia o frustración, pero hay unos pocos que se convierten en una justificación secreta para retornar cada martes a esa clase que nadie parece escuchar. Incluso, algunos nos atraviesan tan profundamente que se quedan en nuestras vidas, no desde la asimetría académica, sino desde el encuentro de la amistad o el amor. Pero estas posibilidades se disuelven cuando el estudiante parte primero que nosotros. Los modos de morir siempre nos inquietan: una tristeza abrumadora, una soledad silenciosa o un accidente disruptivo parecen razones evidentes de la muerte, pero son razones que nos resistimos a aceptar. Esta clase de duelo implica asumir que existe algo que no se podrá cumplir: una promesa rota. Pensamos en los libros o películas que no podremos recomendar, en las conversaciones que no podremos tener, en la tesis que no acompañaremos o en la fugaz fotografía durante la ceremonia de graduación. Este duelo acoge también una belleza inesperada. Emerge un deseo por preguntarnos qué nos han legado nuestros estudiantes muertos. Nos dejan preguntas que nos obligan a seguir pensando, pero también nos transmiten cierta ejemplaridad: la necesidad de sonreír más a menudo, de habitar amorosamente el mundo o de valorar la espontaneidad sobre la solemnidad académica. Nos enseñan a agradecer por la breve coincidencia en este mundo y por el porvenir de la memoria. El duelo por nuestros estudiantes nos recuerda que seguimos siendo eternos aprendices de la vida. Escribo esta columna a la memoria de Ana Sofía Hurtado Bedoya, estudiante de Psicología. *Docente Universidad Çatólica de Pereira

Equilibrio trabajo-familia: una tarea colectiva

Autor: Eliana Quiroz González. octubre 31, 2025 En los últimos años, la conciliación entre el trabajo y la familia ha sido objeto de debate a nivel internacional. La pandemia intensificó esta discusión y evidenció la necesidad concebir nuevas formas de transitar por el mundo del trabajo, demostrando que la flexibilidad en los contextos empresariales sí es posible. Así como los entornos laborales se han transformado, también lo han hecho las familias, hoy se cuenta con hogares diversos, en los que, por lo general, no se depende de un solo ingreso económico, se comparten las labores de cuidado y se otorga cada vez más valor al bienestar. Los resultados investigativos muestran que la conciliación entre las exigencias del trabajo y la familia genera múltiples beneficios. En el ámbito laboral, contribuye a mejorar la productividad, el bienestar, el sentido de pertenencia; además, reduce el estrés, la rotación y el ausentismo. En el plano familiar, favorece diversos indicadores de salud y fortalece la conexión con la pareja, hijos, madres, padres, amigos y mascotas. Ahora bien, promover esta conciliación implica esfuerzos individuales y colectivos. No basta con la disposición exclusiva del trabajador o del empleador: es esencial un trabajo conjunto. Por ejemplo, es importante que los trabajadores asuman con responsabilidad los beneficios dispuestos por la empresa, desarrollen competencias asociadas al manejo del tiempo, la autonomía laboral, el establecimiento de límites entre lo laboral y lo personal. Sumado a lo anterior, se requieren programas y prácticas organizacionales basadas en la evidencia. En este contexto, las empresas colombianas tienen la oportunidad de implementar políticas y acciones que promuevan la reducción de la jornada laboral (Ley 2101 de 2021), la desconexión laboral (ley 2191 de 2022) y, en general, fomenten una relación más armónica entre la vida laboral y familiar. La conciliación trabajo-familia, más que un discurso organizacional, debe materializarse en una realidad laboral. Su implementación representa una ventaja competitiva en el mercado, favorece la sostenibilidad, incrementa la rentabilidad y mejora la reputación institucional, por tanto, cuidar de lo humano siempre será una decisión estratégica. *Docente Universidad Católica de Pereira

ODS y realización personal: Nuevas formas de dejar huella

Autor: Lorena Chamorro octubre 24, 2025 Según la sabiduría popular del siglo XX, el legado de una vida plena era el resultado de sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo; dejando huella en la naturaleza, ideas para el mundo y una parte de sí en otra persona. En el siglo XXI, esos criterios se transforman en sostenibilidad, estilos de vida y aportes al mundo. Dejar huella en la naturaleza va más allá de sembrar árboles, y se enfoca, también, en la relación con el entorno desde el equilibrio entre el progreso económico, bienestar social y protección ambiental. Por eso, en 2015, la ONU propuso los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), proyectados para cumplirse hasta 2030. En Colombia, el Departamento Nacional de Planeación y la ONU, en el reporte al 2024, muestran avances significativos en los ODS relacionados con energía asequible y no contaminante, consumo y producción responsables, igualdad de género y protección del medio ambiente. Mientras los principales desafíos se centran en la lucha contra el hambre y mejora de la calidad del agua y el aire. La consciencia ambiental se refuerza, principalmente, con el ODS 15, vida de ecosistemas terrestres, el ODS 6, agua limpia y saneamiento y el ODS 13, acción por el clima. Por otro lado, dejar ideas para el mundo es un criterio fuertemente asociado al ODS 4, educación de calidad. Aunque el Ministerio de Educación Nacional en la Política Educativa promueve la excelencia docente e incentivos por la calidad educativa; el sistema educativo tradicional necesita replantearse e incluir nuevos recursos y metodologías para desarrollar las competencias de acuerdo con los avances tecnológicos, intereses y necesidades de los estudiantes. El reto para las Instituciones de Educación Superior es mayor con los jóvenes cada vez menos interesados en estudiar cinco años una carrera universitaria; y en el mejor de los casos, optan por estudios técnicos o tecnológicos, o por un emprendimiento; evitando el desempleo, o empleo en áreas diferentes a las de sus estudios. Ante ese panorama, surgen alternativas de carreras más cortas, en modalidad virtual o híbrida, y rutas académicas flexibles que faciliten la empleabilidad temprana. Finalmente, dejar una parte de sí en el mundo no necesariamente se trata de generar una nueva vida, sino del cumplimiento de metas individuales. Cada vez menos personas optan por tener hijos, y escogen otras responsabilidades, como el cuidado de las mascotas que hacen parte de las familias modernas. Así, una formación académica con enfoque de sostenibilidad que fomente la consciencia ambiental, los hábitos de lecto-escritura y el pensamiento crítico, no solo contribuye al cumplimiento de los ODS, sino que redefine los criterios de realización personal acordes a los desafíos actuales. *Docente Universidad Católica de Pereira

La relevancia de la planeación

Autor: Sebastián Pinzón Salazar octubre 17, 2025 Siempre nos vemos enfrentados a situaciones de alta y baja complejidad que nos llevan a tomar decisiones, algunas, requieren respuestas inmediatas sin poder mediar entre posibles escenarios, otras, brindan la posibilidad de detenerse y analizar acciones con resultados de impactos controlados. Por tanto, es imprescindible considerar la relevancia de decidir conscientemente, sobre todo frente al uso de recursos valiosos. Por supuesto, esta situación se puede extrapolar de situaciones de carácter personal o empresarial, la diferencia radica en la dimensión de los objetivos y la variedad de recursos. Aquí, nos centraremos en un contexto personal, donde se consideran horizontes de planeación (corto, mediano y largo plazo), por ejemplo: proyectar actividades a realizar en días, semanas, meses o años. Además, es primordial definir objetivos realistas y alcanzables; probablemente, planificar un día resulte en una tarea sencilla, pero, se puede complejizar cuando el objetivo de un día permite conseguir otro semanal, este llevarlo a uno mensual y así mismo, continuar hasta completar aquellos que solo se gestan en años; a manera de ilustración, un ahorro diario permite alcanzar una cuota semanal o mensual, a su vez, podrá representar una cifra importante en años (con o sin apalancamiento financiero) para comprar algo “grande” que sin proyección, difícilmente ocurriría. Lo anterior puede ser fácil o difícil, dependerá siempre de los objetivos, y como en casi todo, existe un “pero”, en este caso: la incertidumbre; entendiéndola como el desconocimiento de sucesos futuros y es que, entre más futuro, mayor incertidumbre; se puede ejemplificar así: si en casa se preparan los alimentos, posiblemente habrá más certeza sobre lo que se va a desayunar, almorzar y/o cenar hoy, pero, mayor incertidumbre sobre el alimento que se consumirá en 7 meses. La planeación, no sólo se enfoca en aquello que se quiere o necesita, debe considerar la disponibilidad de recurso, “qué tengo y cómo puedo usarlo”. Si nos enfocamos en el dinero del hogar, se deben identificar todos los gastos de un periodo de tiempo para vivir con unas condiciones deseadas (esto puede ser parte del objetivo), y a su vez, ser coherente respecto a los ingresos generados. Finalmente, la diferencia entre ingresos y egresos debería ser positivo para considerar nuevas alternativas como hacer una inversión o cumplir un sueño. Un proceso de planeación no puede ser idealizado al considerar que la incertidumbre puede hacer de las suyas, obligando a una persona para que sea resolutiva en momentos donde la realidad dista de la proyección, sin embargo, el plan sí cumple un papel sumamente importante dado que ayuda a mitigar el impacto. La planeación siempre será clave, propende por la estabilidad y facilita el cumplimiento de objetivos de personas y/o empresas. *Docente Universidad Católica de Pereira

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