Necesidad emergente de formación en psicogerontología en Colombia y America Latina

Autor: Rosario Iodice

El envejecimiento poblacional se ha consolidado como uno de los fenómenos demográficos más relevantes en América Latina y en países como Colombia, configurando un escenario de transformación estructural que impacta directamente los sistemas de salud, protección social y educación superior.

En la región, este proceso se caracteriza por una velocidad particularmente acelerada en comparación con países desarrollados, lo que genera una transición demográfica comprimida y, por tanto, mayores desafíos institucionales. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2022 la región contaba con aproximadamente 88,6 millones de personas de 60 años o más (13,4% de la población), cifra que se incrementará a más de 114 millones en 2030 y superará los 220 millones en 2060, representando cerca del 30% de la población total. Este crecimiento exponencial evidencia una reconfiguración profunda de la estructura etaria, en la cual la población mayor adquirirá un peso demográfico predominante en las próximas décadas.

Desde una perspectiva epidemiológica, el envejecimiento poblacional se asocia con un aumento significativo de enfermedades crónicas, trastornos neurocognitivos y problemas de salud mental. La Organización Panamericana de la Salud advierte que este proceso implica un “doble envejecimiento”, caracterizado tanto por el incremento del número de personas mayores como por el crecimiento del grupo de mayores de 80 años, lo que intensifica la demanda de cuidados especializados y prolongados. En este contexto, las necesidades de atención trascienden los modelos tradicionales de salud, requiriendo enfoques integrales que incorporen dimensiones psicológicas, sociales y funcionales del envejecimiento.

Uno de los principales vacíos estructurales en Colombia radica en la insuficiencia de programas de formación avanzada en psicogerontología. A pesar de la creciente demanda de profesionales capaces de intervenir en los procesos psicológicos del envejecimiento, la oferta académica se concentra en programas generalistas de psicología, gerontología o salud pública, con una presencia marginal de especializaciones que integren de manera sistemática la evaluación neuropsicológica, la intervención clínica y el abordaje psicosocial en la vejez.

Esta fragmentación formativa limita la consolidación de un campo profesional especializado y reduce la capacidad del sistema para responder de manera efectiva a las necesidades emergentes. Diferentemente a nivel internacional se observa una consolidación progresiva de la psicogerontología como campo disciplinar, con programas de posgrado que integran enfoques clínicos, neuropsicológicos y sociales, orientados tanto a la intervención como a la investigación aplicada.

Esta diferencia evidencia una brecha significativa entre las tendencias globales y la realidad colombiana, en la cual la formación especializada en psicogerontología aún no alcanza el nivel de desarrollo requerido.

*Docente Universidad Católica de Pereira.

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