LOS RETOS DE FORMAR TERAPEUTAS EN TIEMPOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Autor: Por: Martha Juliana Villegas Moreno

Si bien siempre ha sido una gran responsabilidad y compromiso saber qué harás parte, como docente, del proceso de formación de psicólogos y terapeutas, hoy es aún más desafiante, pues la creencia de que todo debe ser fácil y rápido, aunado al uso de la inteligencia artificial acorta y facilita el proceso metacognitivo propia del pensamiento reflexivo, crítico y necesario para desempeñarse en el campo clínico y demás campos profesionales.

Ser terapeuta implica contar con la capacidad para conectar cognitiva, emocional y actitudinalmente con el dolor de quién viene en busca de ayuda. Ese dolor es absolutamente único y subjetivo puesto que cada persona tiene su propia historia y manera de interpretar sus experiencias de vida, y en ese sentido, el clínico ha de estar en total capacidad para atender, escuchar, comprender y planear cada intervención terapéutica. Para poder lograrlo, el profesional ha de tener suficiencia teórica, metodológica y técnica, lo cual se logra a través de un proceso de formación que los implique desde la lectura reflexiva, la participación argumentada, el trabajo consciente y la disposición hacía el aprendizaje y transformación. Esto a grandes rasgos es lo que un estudiante debe hacer para llegar a ser un juicioso terapeuta, sin embargo, asumir de manera comprometida estos retos no está siendo nada fácil frente a la simplicidad y sencillez de preguntar a un chat de inteligencia artificial acerca de múltiples temas de conocimiento, y más aún cuando el estudiante cree que la respuesta obtenida es, no solo correcta, sino suficiente.

La realidad actual es que, en cuestión de segundos, un estudiante puede obtener definiciones diagnósticas, hipótesis clínicas o planes de intervención lo que genera la falsa idea de que la intervención es fácil de llevar a cabo, que no hay que poner a prueba habilidades de escucha y acción, en conjunto con una serie imprescindible de actitudes personales para ejercer el rol de ser un terapeuta. Y es que serlo, pone al profesional frente a frente con otro ser humano que busca apoyo incondicional, escucha empática, comprensión rigurosa del problema por el cual atraviesa y creatividad y suficiencia para poder brindarle recursos psicológicos que le faciliten afrontar la existencia, lo cual, sin duda, no lo da la IA.

Si bien las herramientas con las hoy contamos pueden facilitar muchos procesos, estructurar ideas o sacarnos de dudas, resumir documentos, entre otros usos valiosos, el ejercicio terapéutico exige profundidad interpretativa, presencia y conexión emocional, actitudes éticas, conocimiento amplio y profundo en múltiples áreas de conocimiento disciplinar y un fuerte entrenamiento en habilidades

terapéuticas, que por supuesto la IA no logra brindar y que no se adquieren en cuestión de segundos.

*Docente Universidad Católica de Pereira

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