
Leer en la era del ruido digital
Autor: Por: Jose David Villada Alzate
- noviembre 28, 2025
¿Cuándo fue la última vez que leyó un libro? ¿Recuerda el nombre y sus principales ideas?
Vivimos en un momento de la historia sin precedentes en el que la lectura, tal como la hemos conocido, ha dejado de ser un hábito, una buena práctica y un medio casi necesario para estimular nuestra mente. Hoy, leer es un acto de resistencia. La atención ha pasado de ser una habilidad del raciocinio del ser humano y se ha convertido en un “bien escaso” que compite con todo un universo de estímulos sensoriales ofrecidos por las diversas pantallas a las que estamos expuestos día a día. Un adulto promedio, entrega seis horas de su tiempo diario a las pantallas, de las cuáles, la tercera parte están dedicadas a la navegación por el mundo infinito del internet, cercano, entre otras cosas, gracias a las redes sociales.
Indicadores globales como los estimados por la OCDE afirman que, en los últimos años se ha presentado una caída sostenida de las habilidades y capacidades asociadas a la práctica de la lectura. Aunque muchas personas logran romper esta tendencia, difícilmente superan el fenómeno de la “lectura superficial” debido la fragmentación que nos ha exigido el estar al tanto de vasta información de manera simultánea por la inmediatez con la que ahora se presenta a través de las pantallas.
A pesar de este panorama, resulta destacable que, en el caso de Colombia, el hábito ha venido aumentando hasta lograr la modesta suma de 3,7 libros leídos en promedio por persona en el año, aunque sólo el 62% lo hace por entretenimiento según lo ha informado la Cámara Colombiana del Libro. Quizá este pequeño pabilo humeante pueda, poco a poco, ir encendiendo la llama de la pasión por la lectura en las nuevas generaciones como parte vital en la construcción de su proyecto de vida.
Leer no es sólo pasar la mirada por las letras. Implica detenerse, concentrarse, analizar, meditar y dejarse transformar para pensar con autonomía en medio de ríos de desinformación. Y, aunque es una experiencia individual, se hace urgente que el entorno – colegios, grupos y diversas formas de organización social – genere las condiciones para la existencia de espacios libres de notificaciones y se promueva la experiencia de estimular, más que los sentidos, la imaginación a través de los libros y la lectura trascendental de ellos.
A usted, estimado lector, permítame felicitarle porque, si ha llegado hasta este punto de la lectura de la presente columna, es porque hace parte de esa luz de luciérnaga en la que depositamos nuestra confianza para tener, nuevamente, un mundo iluminado por los libros, más que por las pantallas.

