
La ilusión de saber en tiempos de inmediatez
Autor: Alexandra Jaramillo Gutiérrez
- mayo 15, 2026
Hoy se tiene acceso a la información como nunca antes. En segundos se pueden encontrar respuestas, armar textos completos, redactar correos electrónicos o incluso estructurar ideas de negocio con ayuda de herramientas como la inteligencia artificial. Y, sin embargo, algo no está funcionando del todo bien.
Se evidencia todos los días en el aula. Cada vez es más común encontrar trabajos con estructuras complejas, con conceptos bien redactados, incluso con un nivel que podría parecer de maestría o doctorado. Pero cuando se pide sustentar, y se intenta ir un poco más allá, aparece el vacío: el estudiante no logra explicar lo que escribió. El texto está, pero la comprensión no. Y eso preocupa.
Esto no es un problema de acceso a la información, es un problema de relación con ella. Las personas están leyendo menos en profundidad, analizando menos y sobre todo, pensando menos. Se están acostumbrando a respuestas inmediatas sin pasar por el proceso de entenderlas.
Esa misma lógica se está trasladando a otros escenarios. En el mundo empresarial, muchas decisiones se toman con rapidez, pero sin suficiente análisis. Se crean negocios sin estudios de mercado, sin proyecciones claras y sin una lectura adecuada del entorno. No es casualidad que en Colombia según Confecámaras, cerca del 70% de las MiPymes no supere los primeros cinco años, ni que informes como los del Global Entrepreneurship Monitor insistan en la dificultad para sostener empresas en el tiempo.
Al final, el problema no es la falta de herramientas. Nunca se han tenido tantas. El problema es que se está dejando de hacer algo fundamental: detenerse a pensar antes de decidir.
Y pensar implica investigar. No en el sentido académico estricto, sino en algo mucho más cotidiano: hacerse preguntas, contrastar información, dudar un poco. Entender antes de actuar.
Organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ya ha advertido que una de las mayores debilidades actuales está en la dificultad para analizar información y evaluar fuentes. Y eso, más allá de las cifras, se siente en la vida real: en decisiones apresuradas, en aprendizajes superficiales, en empresas que no logran sostenerse.
Tal vez el reto no es ir más rápido, sino aprender a no decidir al ritmo de la inmediatez.
Porque en medio de tantas respuestas disponibles, el verdadero riesgo no es no saber, sino creer que se sabe, cuando en realidad no se ha entendido.

