El marketing educativo: mucho más que vender matrículas

Autor: Mónica Castro Peña

En ocasiones, hablar de marketing en el ámbito educativo puede generar incomodidad al pensarse como una práctica de venta de la educación que se considera poco ética. Sin embargo, su principal objetivo es el de construir valor, confianza y relaciones sostenibles entre las instituciones educativas y la sociedad.

El marketing educativo parte del conocimiento de las preferencias y necesidades de los estudiantes y su círculo más cercano-que influye en la toma de decisiones-y los perfiles profesionales requeridos por las empresas y demás actores pertenecientes al área de influencia de la institución educativa. Lo anterior, con el fin de fortalecer y ofertar una propuesta educativa pertinente y coherente con lo que su mercado solicita.

El lograr una oferta académica como la descrita conlleva a que las instituciones perciban mejoras visibles en términos de indicadores de interés para los administradores de la educación: número de inscritos, de matriculados, nivel de satisfacción por perfiles recibidos en el mercado laboral, entre otros. Una oferta académica basada en el conocimiento del marketing, permite una coherencia entre lo prometido y lo entregado, que puede permitir en conjunto con otras acciones a un posicionamiento de marca institucional que denote calidad, y que genera a su vez ventajas competitivas para la institución.

Ahora bien, ¿por qué se genera un imaginario negativo frente a la aplicación de marketing en entornos educativos? El problema que conlleva a este tipo de percepciones es cuando la coherencia entre lo prometido a través de medios promocionales no corresponde a lo que se entrega por medio de la prestación del servicio; sin embargo, este tipo de prácticas hacen referencia a una falta de ética no solamente en el ámbito educativo, sino en cualquiera donde se aplique.

El marketing con principios éticos se convierte en una herramienta valiosa para que una institución logre conectar con su “público objetivo” no para vender, sino para lograr ser quien aporte a través de la prestación de su servicio a la formación de una persona, y potencializarse como organización.

De esta manera, el marketing educativo no debe verse con miedo desde las instituciones, sino como un aliado para continuar promoviendo la educación como un derecho, un bien social y, una oportunidad de aporte al crecimiento y desarrollo de la sociedad, al fortalecimiento del tejido empresarial y de la construcción de país. Lo anterior, es un llamado para que las instituciones educativas se unan para el logro de un reposicionamiento de la importancia de la educación en la población joven que se encuentran saturados de información y opciones que restan valor al saber, a la dedicación y el tiempo de un proceso formación.

*Docente Universidad Católica de Pereira.

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