El marketing que le seguimos debiendo a las MiPymes

El marketing que le seguimos debiendo a las MiPymes

Autor: John Eider Vásquez Hernández

En Colombia, hablar de MiPymes no es referirse a un sector más de la economía: es hablar de la economía misma. Según el DANE, más del 96% de las unidades productivas del país pertenecen a esta categoría y aportan cerca del 40% del PIB, mientras generan alrededor del 80% del empleo. Risaralda, como ya lo hemos mencionado en columnas anteriores, muestra una estructura similar: empresas pequeñas, con activos reducidos, baja adopción tecnológica y una fuerte concentración en el comercio. Sin embargo, pese a su peso estratégico, seguimos tratando a la MiPyme como si fuera un actor menor, al que llegamos con soluciones estandarizadas o con programas creados desde escritorios lejanos a su realidad.

Un ejemplo evidente es el del marketing. La mayoría de los modelos vigentes fueron diseñados para grandes corporaciones con equipos especializados, capacidades analíticas robustas y presupuestos amplios. Pretender que la MiPyme risaraldense —frecuentemente con menos de cinco empleados que deben asumir todas las funciones— adopte esos mismos enfoques, es desconocer por completo su contexto operativo. Lo paradójico es que, sin marketing, ninguna empresa puede crecer; pero el marketing que ofrecemos no siempre está hecho para ellas.

Mientras tanto, los datos del DANE y las Cámaras de Comercio muestran indicadores preocupantes: altas tasas de mortalidad empresarial, brechas en la adopción tecnológica, baja inversión en innovación y limitaciones serias en la comprensión del cliente. ¿Cómo competir así en un mercado cada vez más exigente? ¿Cómo sostener un tejido empresarial que se debilita si no transformamos la forma en que acompañamos a quienes lo sostienen?

Aquí es donde la crítica es inevitable: seguimos trabajando de manera fragmentada. Estado, academia, gremios y empresarios avanzan, sí, pero muchas veces cada uno por su lado. La formación en marketing no siempre es pertinente; los programas de fortalecimiento empresarial no siempre llegan; los diagnósticos no siempre se convierten en acciones; y los emprendedores, abrumados por la operación diaria, terminan improvisando estrategias que raramente generan impacto.

Ya no basta con decir que las MiPymes necesitan marketing: necesitan un marketing diseñado para ellas. Uno que parta de sus tiempos, sus capacidades, sus recursos y su realidad territorial. Uno que integre herramientas digitales accesibles, metodologías ágiles y acompañamiento cercano.

La pregunta entonces es inevitable: ¿Estamos preparados para construir un marketing que responda a la verdad de nuestras MiPymes, o seguiremos repitiendo modelos que no las representan?

*Docente Universidad Católica de Pereira.

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