
Tres piedras
Autor: Jhon Willlmar Toro Zapata
- enero 9, 2026
Un caminante llega al último descanso del sendero con una mochila que ha cargado sin darse cuenta. Al sentarse bajo un árbol a disfrutar del sol que empieza a decaer y con un poco de fatiga, decide abrir la mochila para ver qué es lo que pesa y descubre tres piedras pequeñas, casi invisibles, que lo han acompañado durante todo el trayecto. Cada una tiene una palabra grabada: Pensar, Perdonar y Proyectar.
El peregrino las sostiene con curiosidad entre las manos y entiende que esas piedras no hablan del mundo, hablan de él. La primera piedra, Pensar, le recuerda que ningún año se cierra sin preguntarse por caminos recorridos, decisiones tomadas, silencios que mantuvo y palabras por decir. Pensar no es buscar culpables ni inventar disculpas; es hacer un alto para volver a mirarse sin prisa, reconocer los aciertos, aceptar los desaciertos y poner luz donde antes hubo sombra. Es una forma de honestidad que nos ordena por dentro.
La segunda piedra, Perdonar, pesa más que la primera. El caminante la pasa entre los dedos y siente que allí se alojan los tropiezos, las culpas antiguas, las oportunidades perdidas. Perdonarse no significa olvidar, ni justificar, ni empezar de cero como si nada hubiera ocurrido. Perdonarse es comprender que uno hizo lo que pudo con lo que tenía en cada momento. Es renunciar a la dureza con la que a veces nos juzgamos. Es dejar de cargar lo que ya no puede transformarse. Perdonarse es un acto de humildad y, a la vez, de libertad.
La tercera piedra, Proyectar, tiene un resplandor diferente, como si anticipara lo que está por venir. El peregrino la contempla con gran asombro y descubre que no habla del futuro desde la imaginación, sino del suyo propio. Proyectarse no es llenar la agenda ni acumular metas imposibles, es tener un motivo para levantarse cada madrugada; es recordar que un año nuevo no se recibe, se construye desde adentro, es caminar hacia lo que da sentido en cada momento. Cuando el viajero guarda las tres piedras, comprende que no son una carga sino una brújula y que, con ellas, puede despedir lo que termina y abrirse a lo que viene.
Entonces se levanta, mira el horizonte que ya anochece y murmura una frase: “Pensarme para entenderme, perdonarme para soltarme, proyectarme para seguir”. Quizá esa sea la tarea para despedir lo que ya no es y dar la bienvenida a los nuevos desafíos: mirarnos con honestidad, tratarnos con compasión y recorrer con propósito hacia un nuevo caminar que, como siempre, comienza dentro de cada uno. El hombre se levantó y comenzó a avanzar siempre consciente de las tres piedras que lleva en su mochila. Salud

