
Fútbol, la única religión sin ateos
Autor: Haney Aguirre
- noviembre 21, 2025
Es difícil pensar en nuestro presente sin que el deporte esté vinculado a nuestra cotidianidad. El fútbol es un espejo de la vida. Muchas cosas que pasan en el fútbol se reflejan en la vida: la política, la economía, la educación, la paz, la violencia, el territorio, la historia, la intelectualidad, la salud, la cultura y la religión. En el fútbol se percibe una fe compartida. En canchas y frente al televisor, se mueven multitudes, despierta fervores y levanta plegarias que ningún templo tradicional podría contener.
Hinchas argentinos asocian cierta ayuda del Papa Francisco y la consecución de títulos. En vida, Francisco manifestó ser hincha de San Lorenzo de Almagro, que durante el papado ganó una Copa Libertadores. Además, la Selección Argentina fue campeona de la Copa del Mundo y Campeona de la Copa América
Dentro y afuera de la cancha está Dios mediando todas las intenciones: de un lado y del otro, de los locales y visitantes, de los ganadores y perdedores, de los espectadores que ofenden al rival y veneran a los propios, de los que ascienden y descienden de categoría. Casi hay un gol en contra y se dicen: «Nos salvamos, gracias papito Dios» mientras se santiguan y miran al cielo. Incluso, los ateos repiten: «gracias, Dios».
Todas las almas del estadio –y las que ven por televisión el partido– se santiguan; en esta ocasión porque el árbitro no sancionó un penalti. Esta cadena de rezos de la tribu futbolera pide que haya un gol, que el balón esté lejos de la portería, que el tiempo pase más rápido, que se sumen tres puntos, que el árbitro se equivoque a favor. Aunque el árbitro se encomiende al mismo Dios. Son los fieles creyentes de un club y una camiseta, que asisten cada domingo al estadio, al templo.
Los que critican al fútbol despotrican, con toda la gana, como el mayor mal de los males. Muchos intelectuales desprecian el fútbol, como Jorge Luis Borges, quien decía que era una pasión popular y de masas. El fútbol es para los desadaptados, es alienante y distrae, es para brutos. El fútbol es un mercado cruel, dicen los ateos del fútbol. Por supuesto, es un potente dispositivo mercantil. Desde la compraventa de jugadores, como objetos, hasta la compraventa de entradas a los estadios. Se promueven sedes de mundiales sin tradición futbolística (Qatar, 2022). Para la Copa Mundial del 2026 con sede México, EEUU y Canadá, el formato cambió de 32 a 48 selecciones. Más partidos, más publicidad. Más alienación. Sin embargo, como afirma Eduardo Galeano, terminan sucumbiendo a la irresistible tentación del opio de los pueblos: «el futbol es la única religión sin ateos».

